¿Por qué no se me ocurrió a mí?

Apuntes de innovación y generación de ideas

Una de las tantas lecciones que podemos extraer de la pandemia del COVID-19, es que debemos tener la capacidad para adaptarnos rápidamente con el fin de seguir percibiendo ingresos que nos permitan subsistir, ya sea iniciando un emprendimiento, cambiando el rubro de nuestro negocio o reinventando nuestra actividad. En todos los casos, la innovación y la generación de ideas de negocio son elementos claves para lograr el cometido antes señalado.


Sin embargo, estas dos actividades que, aparentemente, podrían parecer espontáneas, requieren de trabajo, práctica y disciplina.


La innovación


Seguramente en algún momento de nuestras vidas, más de uno nos hemos preguntado sobre qué negocio emprender, cómo innovar en nuestro negocio o sobre cómo no se nos ocurrió a nosotros cierta idea.


Y es que la innovación no se produce por un chispazo de iluminación repentina que alguien experimenta, sino que es un proceso que implica estar atentos al mercado, a las tendencias, ser curiosos y hacerlo de manera sistemática. La innovación es una disciplina que se puede aprender y practicar.


No en vano grandes organizaciones crean áreas especialmente dedicadas a la innovación, contratan asesores externos y aplican diversas técnicas, como por ejemplo el Design Thinking; lo hacen para mantener un proceso constante de innovación.


La innovación puede ser de dos tipos:


La disruptiva: consiste en crear algo totalmente distinto y nuevo a lo que existe en la actualidad. Por ejemplo, el Internet. Antes del Internet no había nada similar y su creación cambio al mundo en gran medida.


La incremental: es aquella que mejora o agrega valor a un producto o servicio ya existente.


Una de las técnicas más usadas por los consultores para fomentar la innovación, es estimular la curiosidad. Se trata de una técnica que consiste en generar una lluvia de ideas, desprovista de reproches y prejuicios, seguida de una ronda de preguntas originadas en la curiosidad y no en la factibilidad de dichas ideas.


Otra manera de incentivar la innovación es combinar el arte con la ciencia. Esta ha sido una característica de los grandes genios e inventores. Leonardo Da Vinci, conocido como un gran pintor e inventor, logró la sonrisa perfecta de la Monalisa porque antes de pintarla estudió la anatomía humana y los movimientos de los músculos involucrados en generar la sonrisa.


Por su lado, Steve Jobs, tomó clases de caligrafía que, como el mismo decía, le sirvieron de mucho cuando diseñaron la MAC y su tipografía. En consecuencia, unas clases de arte, leer un poema de vez en cuando o aprender a tocar un instrumento musical, ayudarán a que ambas partes del cerebro se activen, promoviendo la innovación y el “pensar fuera de la caja”.


Como vemos, la innovación requiere de un ejercicio constante y disciplinado de estar atentos al entorno, de curiosidad y apertura a nuevas disciplinas que ampliaran nuestros horizontes. Todos estos elementos serán la materia prima desde la cual brotarán nuestra creatividad e innovación.


Generación de ideas de negocio


Pensemos por un instante en Whatsapp. Recordemos que fue vendido por 19,000 millones de dólares a Facebook. La idea no era disruptiva ni complicada puesto que ya existía mensajería mediante sms, existía internet y las personas ya usábamos el chat de Messanger. Entonces, ¿por qué no se nos ocurrió a nosotros?


Al igual que sucede con la innovación, la generación de ideas es un proceso, es una práctica que se puede adquirir, ya sea estando atentos a las tendencias, leyendo revistas especializadas, conversando con amigos sobre negocios, etc. Se trata de instalar el chip del emprendimiento en nuestra manera de ser.


El proceso de generación de idas para negocios, usualmente se produce mediante dos caminos:


Mediante la observación y seguimiento de tendencias


Un ejemplo práctico es proponerse que cada integrante de la familia, ofrezca dos o tres ideas de negocio, una vez a la semana. Al inicio aparecerán propuestas muy básicas, pero con el tiempo serán más elaboradas e interesantes. Posiblemente pasarán meses antes de encontrarnos frente a una idea factible para nosotros, pero sí lograremos instalar el hábito de estar atentos a las tendencias y a las posibilidades de negocio.


De esa manera, hasta los viajes familiares tendrán otra óptica. Ya no solo viajaremos disfrutando del paseo, sino que nos acostumbraremos a pensar y ver la realidad desde la óptica de un emprendedor.


Mediante el conocimiento adquirido trabajando en temas similares


Algunos creen que para lanzar un producto o servicio, éste debe ser totalmente nuevo y disruptivo, sin embargo no es necesariamente así. Muchos productos o servicios son realmente modificaciones, adecuaciones o mejoras de algo ya existente. Usualmente esas mejoras se producen a partir de una experiencia previa o actual. Por ejemplo, es el caso de un chef que quería lanzar su propio producto envasado o de un ex agente de la CIA que deseaba crear un programa de entrenamiento y defensa personal para personas comunes.


Para concluir, recordaremos una de las biografías del gran Leonardo Da Vinci, en la que su autor Walter Isaacson, decía lo siguiente: “Colgarle la etiqueta de genio a Leonardo, aunque parezca extraño, lo rebaja, al hacer que parezca alguien tocado por un rayo”. Y es que en realidad Leonardo era un curioso incansable. Un ejemplo de ello es que en su cuaderno de apuntes tenía como pendiente describir la lengua del pájaro carpintero.


Posiblemente no tengamos que describir la lengua de un ave, pero a lo mejor si ejercitamos nuestra curiosidad con disciplina, podamos hacer volar nuestras ideas, estimular la innovación y tener la agilidad empresarial que el mundo actual nos demanda.

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